viernes, 5 de febrero de 2010

La Magia de la Sincronía













Ni André, ni Santi se conocían cuando André tomo esta foto. Aun hoy ninguno de los dos, conoce al otro.


En la torre de cristal tras el silencio de los pasos se acunan los sueños, el viento persigue las figuras y nada a nuestro alrededor parece ser lo que en realidad es: Todo un mundo de ilusión que se enreda entre nuestros dedos y que penetra nuestras sentimientos para esparcirse en una hoguera comunitaria, donde los corazones solitarios buscan refugio y calor.
Parece que los años se detuvieran a danzar juntos, al compás del vacío de una ausencia.
Es el mundo el que está ausente de todos y nos mira juguetón a ver que trazamos. Siempre es un círculo que se agranda y empequeñece, como en un calidoscopio las figuras geométricas se aproximan y alejan, formas multicolor en el cristal.
Nuestros pensamientos son eso, nubes que pasan y se esfuman en cada instante nada más. Eso es humo y vacío.
Y sucede cada vez y en la misma forma en que movemos el calidoscopio.
Creemos en la magia de el artefacto, pero lo realmente mágico es la mano invisible que maneja el juguete.
Las trampas de la vida, son eso, trampas. Me recuerdan “El Mundodisco” y esa gran partida que juegan los dioses poniendo mil trampas a Rincewind.
Hay quien las esquiva, hay quien entra a saco y hay los que caen en ella, y también quienes las buscan.
El tiempo nos da una visión de los sucesos, pero tampoco es real, porque el tiempo este que conocemos no existe, no es, tan sólo es humo también.
El único tiempo que existe es el tiempo de las patatas, o el tiempo de las cerezas o el tiempo de los almendros….. en definitiva, el tiempo de la tierra acompañado en el cielo.
Ni yo, ni tu, ni nada que conocemos es real en esta esfera que llamamos tierra. Que es nuestra casa, pero que estamos en ella de prestado y cada invitado deja su huella.
Con la lentitud de una serpiente se arrastran los sueños entre el entramado de los cuerpos, no miramos a ella, pero esta allí pidiéndonos con devoción que nos diluyamos en ella.
La magia, es una palabra maravillosa, que suena a limones frescos en nuestra boca, huele a canela y sabe a membrillo. Los degustadores ingieren grandes dosis de paciencia para llegar a reconocer los sabores, olores de dicho manjar exquisito.
En una atalaya a lo lejos del universo conocido se esconden los secretos que perseguimos, están guardados por un Gran Mago que de forma ceremonial cambia los objetos a diferentes planos, sus pupilas son el vacío y sus manos grandes raíces que se abren a los mundos, si consigues llegar allí: te conocerás.

Fin.

1 comentario:

César Bacale dijo...

Mucha sabiduría sale de esa chistera...amiga mía
Y sin peder una gota de belleza...
Del mago y de sus ojos, hablaremos en persona, un día, oliendo a canela y a limón, y comiendo membrillo.
Un beso.